Familiares y sobrevivientes rindieron un homenaje a los caídos en la matanza de los copreros en Acapulco en 1967, al cumplirse 50 años de la tragedia. Familiares y sobrevivientes rindieron un homenaje a los caídos en la matanza de los copreros en Acapulco en 1967, al cumplirse 50 años de la tragedia. Foto: Raúl Aguirre

La masacre de copreros cumple 50 años en la impunidad: sobreviviente

Escrito por  Héctor Briseño Ago 20, 2017

Campesinos sólo pedían incrementar el precio de compra, recuerda Jorge Salas Pérez

Familiares y supervivientes recordaron el hecho con una proyección de fotos inéditas; reclaman justicia

El 20 de agosto de 1967 murieron al menos 35 personas y 150 resultaron heridas en el ataque


La mañana del 20 de agosto de 1967, al menos 35 personas murieron en Acapulco y 150 más resultaron heridas, cuando productores de copra fueron recibidos a balazos por pistoleros bajo el mando del cacique Rosendo Ríos Rodríguez, con la protección de policías judiciales, en el edificio de la Unión Mercantil de Productores de Coco, en el ex ejido de la Santa Cruz, ahora avenida Ejido, esquina con calle 6, al poniente de la ciudad, hasta donde marcharon desde Costa Grande, para exigir un mejor precio para la copra.

En la balacera murieron mujeres, hombres de campo, un niño que vendía paletas.

Este sábado, familiares y campesinos que sobrevivieron a la masacre, recordaron el hecho con una proyección de fotografías inéditas y el reclamo unánime que recalcaron, es ya común en el estado de Guerrero, debido a la falta de castigo a los perpetradores de matanzas de quienes luchan y exigen mejores condiciones de vida.

A 50 años de aquella mañana de domingo, el coprero Jorge Salas Pérez recordó que los campesinos y productores marcharon desde Coyuca de Benítez para exigir aumento de 3 centavos por kilogramo de coco, pues los acaparadores se los compraban en 50 centavos.

Desde las horas siguientes a la masacre y hasta a la fecha, la exigencia de castigo sigue vigente.

La acusación es la misma, el Estado fue cómplice del asesinato, con la intervención del gobernador Raymundo Abarca Alarcón, quien solapó que caciques de la región fijaran los precios de la producción en el campo.

En fotografías proyectadas en un recinto del edificio de la Coprera, se constata la participación del Ejército mexicano para proteger a los perpetradores del hecho.

Otras imágenes muestran cadáveres sobre la avenida Ejido y lo que es ahora la Calle 6 de la colonia Bella Vista.

En su narración de los hechos, Salas Pérez expresó que “es una triste historia que no se va a olvidar”, y recordó que en la década de los 50 y 60 del siglo pasado, la palmera de coco era como el oro para los campesinos.

Explicó que “se acordó buscar a mejores compradores, por eso se conformó la Unión Mercantil de Productores de Coco”.

Del día de la matanza, reseñó que la marcha en la que participaban decenas de productores era pacífica, para pedir el incremento de tres centavos por kilo de coco.

Manifestó que “la marcha venía por Ejido, sin consignas ni agresividad, era gente extremadamente pasiva. El gobierno se camufló con los caciques”, y enfatizó que la autoridad sabía que había una asamblea, a la que se había convocado con tres días de anticipación.

Salas Pérez lamentó que nadie fue castigado, mientras se proyectó la imagen del niño vendedor de paletas tirado sobre el asfalto.

Señaló que “elementos del Ejército mexicano ayudaron a sacar a los pistoleros para que no los lincharan, y se los llevaron a ex zona militar, en Hornitos”.

El todavía productor de coco y de mango, mencionó que “es doloroso que pasaran estas cosas. Según mis investigaciones murieron más de 100 personas, 35 de ellas aquí en la balacera, otros en sanatorios, sus familiares no querían venir de Costa Chica y Costa Grande por temor a que los mataran”.

Don Jorge Salas concluyó su participación pensativo, al expresar que “la historia triste sigue y sigue”.